martes, 10 de noviembre de 2015

Petricor

Cuando hablamos del suicidio en nuestra actualidad muchas veces la visualizamos con una mentalidad y valores moralistas epicentros a ideas específicas como “Nunca te rindas” y “El suicidio es de cobardes”; pero aun así, la acción de matarte a ti mismo sigue siendo un fenómeno que se presenta en varias personas sin importar todo lo que las generaciones más antiguas nos inculcan.
A raíz de los problemas que surgen en nuestras vidas, nosotros como personas tenemos la arraigada costumbre a martirizarnos constantemente, por lo general menospreciándose y creando una proyección negativa de ti mismo en el mundo en base en la vida de tras personas, y particularmente estas “ilusiones” hechas por el dañado subconsciente que aqueja a los suicidas terminan siendo realidad de una u otra forma.
Elegí este tema principalmente no por el aspecto técnico que lo conlleva; frías barras paralelas estadísticas no pueden expresar el invasivo pesar, ni la desquiciante melancolía ni mucho menos la penetrante tristeza que nos llega a tan solo considerar la idea de usar una inyección letal, una píldora de cianuro, pegarte un tiro o solo optar por la arcaica soga y colgarte.
Aunque mencione que no quiero ver a los afligidos y caídos como un digito, en algún momento tengo que hacer referencia a esto, para asentar las bases de mi opinión dentro de productos e información de carácter cuantitativo.
Vengo de Guaymas.
Donde exhalas un aire deprimido y asfixiante, donde la única exportación que tenemos son maquileros y obreros.
Es cierto que la tasa de suicidios sonorense no se compara a la de los tapatíos. En mi opinión es porque somos un pueblo que siempre quiso pero nunca lo hizo. Somos personas demasiado empáticas para jalar el gatillo.
En pocas palabras aun cuando estamos en lo más abajo tenemos, ya sea esperanza o miedo.
Ese es el tema principal de esta reflexión:
El suicidio.
¿Salida de cobardes o escape de desconsolados?

La mayoría  de las personas considera el aspecto religioso en este tema, desde este punto en la mayoría de los casos y como regla para casi todas las religiones, el suicidio es un abominable e imperdonable pecado y una falta de respeto a Dios –o dioses dependiendo del caso-. Esta es una de las razones por la que el hombre no quiere dar el salto. No un vivaz rayo de esperanza sino una perpetua sensación de temor e incertidumbre hacia lo que pasa cuando te dejas ir por los obscuros pensamientos que te aquejan.

¿Qué nos hace personas?

Para responder a esta pregunta también es necesario identificar que nos hace diferentes a los animales. Es necesario clarificar que los animales son meramente instintivos y se rigen por una serie de reglas heredadas desde generaciones atrás. Estas reglas son basadas en la supervivencia a menos de casos bastante específicos en la que los animales desarrollan malicia.
El tiburón no mata por ansia de sangre solo mata para vivir.
Esto es lo opuesto del ser humano, ya que nosotros nos dirigimos por normativas más complejas relacionadas con los valores e ideales que el hombre ha moldeado a lo largo de su historia, pasando por derogaciones y grandes cambios siempre manteniendo una relación semi-simbiotica con la cultura a la que nos desarrollamos.
Por ejemplo, en nuestra sociedad actual al tener bases en extremo individualistas hace que nosotros como jóvenes le tengamos un especial aprecio hacia valores como: el respeto, la libertad, tolerancia, etcétera. En pocas palabras nuestra sociedad se adapta a una filosofía “Ser diferentes es bueno”,
Estos valores e ideales previamente mencionados son una característica que al ser humano lo define como es.

Esto no siempre es bueno ya que muchas veces sobrevaloramos ciertas cuestiones cotidianas dando, irónicamente, a sentimientos egoístas que también son adaptados a la fijación que tenemos por el individualismo. Esto se deduce de frases como “Es tu cuerpo y tú sabes qué hacer con él”; que ya es filosofía de cientos de personas en la que refuerzan el libertinaje y el auto-complacimiento.
En una breve paráfrasis: la diferencia entre el hombre y el animal, es que el hombre razona y el animal actúa. Nosotros somos los únicos que daríamos nuestra vida por otro ser vivo mientras el animal –de no ser domesticado o tener una relación de afecto- solo se salvara de forma instintiva.

¿El suicidio es bueno o malo?

Lo interesante de este tema es que depende tanto de tu cultura como la forma en la que te criaron, tu opinión sobre los temas en los que específicamente se habla de cómo la vida de una persona palpitante y viva cese de ser alguien para ser algo, es cuando tu verdadera actitud sobre la vida reluce.
En el suicidio en específico hay una bipolaridad con dos opiniones en específico:
·                   La moralista dictando que el suicidio es innecesario y siempre hay esperanza.
·                   La individualista asegurando que si es de verdad lo que deseas no hay razón para no hacerlo.
Como ya se dio a entender la opinión que tiene cada persona es completamente subjetiva de acuerdo a la determinada crianza que recibió. Todo depende de los valores que son inculcados a través de las generaciones
Mi opinión sobre este tema se centra en los pensamientos moralistas con la vida. Una persona que se hace daño a sí misma no merece el don de la palabra. Siempre hay que tomar en cuenta lo que es el respeto por la vida y en todo momento tener en cuenta lo en ciertos casos la libertad para que tú puedas hacer algo no recae en ti. Estas opiniones están basadas en un entero sentido empático del que mis padres han inculcado a sus hijos (Yo y otras dos hermanas).





Si usted, estimado lector no piensa como yo, me adjudico a mí mismo, y con un desdén de arrogancia y soberbia le diré que usted se ha equivocado.

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