Cuando hablamos del
suicidio en nuestra actualidad muchas veces la visualizamos con una mentalidad
y valores moralistas epicentros a ideas específicas como “Nunca te rindas” y
“El suicidio es de cobardes”; pero aun así, la acción de matarte a ti mismo sigue
siendo un fenómeno que se presenta en varias personas sin importar todo lo que
las generaciones más antiguas nos inculcan.
A raíz de los
problemas que surgen en nuestras vidas, nosotros como personas tenemos la
arraigada costumbre a martirizarnos constantemente, por lo general menospreciándose y creando una proyección negativa de ti mismo en el mundo en
base en la vida de tras personas, y particularmente estas “ilusiones” hechas
por el dañado subconsciente que aqueja a los suicidas terminan siendo realidad
de una u otra forma.
Elegí este tema principalmente no
por el aspecto técnico que lo conlleva; frías barras paralelas estadísticas no
pueden expresar el invasivo pesar, ni la desquiciante melancolía ni mucho menos
la penetrante tristeza que nos llega a tan solo considerar la idea de usar una
inyección letal, una píldora de cianuro, pegarte un tiro o solo optar por la
arcaica soga y colgarte.
Aunque mencione que no quiero ver a
los afligidos y caídos como un digito, en algún momento tengo que hacer referencia
a esto, para asentar las bases de mi opinión dentro de productos e información
de carácter cuantitativo.
Vengo de Guaymas.
Donde exhalas un aire deprimido y
asfixiante, donde la única exportación que tenemos son maquileros y obreros.
Es cierto que la tasa de suicidios
sonorense no se compara a la de los tapatíos. En mi opinión es porque somos un
pueblo que siempre quiso pero nunca lo hizo. Somos personas demasiado empáticas
para jalar el gatillo.
En
pocas palabras aun cuando estamos en lo más abajo tenemos, ya sea esperanza o
miedo.
Ese
es el tema principal de esta reflexión:
El
suicidio.
¿Salida
de cobardes o escape de desconsolados?
La mayoría de las personas considera el aspecto
religioso en este tema, desde este punto en la mayoría de los casos y como
regla para casi todas las religiones, el suicidio es un abominable e
imperdonable pecado y una falta de respeto a Dios –o dioses dependiendo del
caso-. Esta es una de las razones por la que el hombre no quiere dar el salto.
No un vivaz rayo de esperanza sino una perpetua sensación de temor e
incertidumbre hacia lo que pasa cuando te dejas ir por los obscuros
pensamientos que te aquejan.
¿Qué nos hace
personas?
Para responder a esta pregunta
también es necesario identificar que nos hace diferentes a los animales. Es
necesario clarificar que los animales son meramente instintivos y se rigen por
una serie de reglas heredadas desde generaciones atrás. Estas reglas son
basadas en la supervivencia a menos de casos bastante específicos en la que los
animales desarrollan malicia.
El tiburón no mata por ansia de
sangre solo mata para vivir.
Esto es lo opuesto del ser humano,
ya que nosotros nos dirigimos por normativas más complejas relacionadas con los
valores e ideales que el hombre ha moldeado a lo largo de su historia, pasando
por derogaciones y grandes cambios siempre manteniendo una relación
semi-simbiotica con la cultura a la que nos desarrollamos.
Por ejemplo, en nuestra sociedad
actual al tener bases en extremo individualistas hace que nosotros como jóvenes
le tengamos un especial aprecio hacia valores como: el respeto, la libertad,
tolerancia, etcétera. En pocas palabras nuestra sociedad se adapta a una
filosofía “Ser diferentes es bueno”,
Estos valores e ideales previamente
mencionados son una característica que al ser humano lo define como es.
Esto no siempre es bueno ya que
muchas veces sobrevaloramos ciertas cuestiones cotidianas dando, irónicamente,
a sentimientos egoístas que también son adaptados a la fijación que tenemos por
el individualismo. Esto se deduce de frases como “Es tu cuerpo y tú sabes qué
hacer con él”; que ya es filosofía de cientos de personas en la que refuerzan
el libertinaje y el auto-complacimiento.
En una breve paráfrasis: la
diferencia entre el hombre y el animal, es que el hombre razona y el animal
actúa. Nosotros somos los únicos que daríamos nuestra vida por otro ser vivo
mientras el animal –de no ser domesticado o tener una relación de afecto- solo
se salvara de forma instintiva.
¿El suicidio es
bueno o malo?
Lo interesante de este tema es que
depende tanto de tu cultura como la forma en la que te criaron, tu opinión
sobre los temas en los que específicamente se habla de cómo la vida de una
persona palpitante y viva cese de ser alguien para ser algo, es cuando tu
verdadera actitud sobre la vida reluce.
En el suicidio en específico hay una
bipolaridad con dos opiniones en específico:
·
La moralista dictando que el
suicidio es innecesario y siempre hay esperanza.
·
La individualista asegurando que si
es de verdad lo que deseas no hay razón para no hacerlo.
Como ya se dio a entender la opinión
que tiene cada persona es completamente subjetiva de acuerdo a la determinada
crianza que recibió. Todo depende de los valores que son inculcados a través de
las generaciones
Mi opinión sobre este tema se centra
en los pensamientos moralistas con la vida. Una persona que se hace daño a sí
misma no merece el don de la palabra. Siempre hay que tomar en cuenta lo que es
el respeto por la vida y en todo momento tener en cuenta lo en ciertos casos la
libertad para que tú puedas hacer algo no recae en ti. Estas opiniones están
basadas en un entero sentido empático del que mis padres han inculcado a sus
hijos (Yo y otras dos hermanas).
Si usted, estimado lector no piensa
como yo, me adjudico a mí mismo, y con un desdén de arrogancia y soberbia le
diré que usted se ha equivocado.
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